Un apagón afectó el fin de semana a cerca del 30% de los usuarios eléctricos de San Francisco y generó un efecto colateral inesperado: decenas de robotaxis de Waymo quedaron inmovilizados en plena vía pública, bloqueando intersecciones y complicando el tráfico en varias zonas de la ciudad.
La empresa suspendió temporalmente el servicio y explicó que la prioridad era la seguridad de los pasajeros y facilitar el trabajo de los equipos de emergencia. Sin embargo, durante varias horas no estuvo claro si los vehículos seguían detenidos ni cuál había sido exactamente la causa técnica del fallo: semáforos apagados, problemas de comunicación o una combinación de factores.
El incidente reavivó una discusión clave sobre la conducción autónoma. Waymo suele destacar cifras que muestran menos accidentes y menos lesiones frente a conductores humanos, pero este episodio no habla de estadísticas promedio, sino de comportamientos de sistema ante eventos extremos pero reales, como un apagón urbano.
A diferencia de los conductores humanos, que suelen adaptarse de forma improvisada cuando falla la infraestructura, los vehículos autónomos tienden a optar por la detención total. Eso puede ser seguro a nivel individual, pero genera nuevos riesgos cuando ocurre de forma masiva y simultánea.
Waymo anunció que ya retomó el servicio y que incorporará los aprendizajes del evento. El apagón dejó una lección clara: la promesa de la movilidad autónoma no depende solo de algoritmos y sensores, sino de ciudades, redes eléctricas y sistemas que, cuando fallan, también ponen en pausa a la inteligencia artificial.

Consultor en Comunicación Digital con 20 años de experiencia en marketing y publicidad. Locutor y co-presentador de TecToc Radio.