OpenAI invierte $252 millones en una startup de interfaces cerebro-computadora fundada por Sam Altman

Rogelio Umaña
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Rogelio Umaña
Consultor en Comunicación Digital con 20 años de experiencia en marketing y publicidad. Locutor y co-presentador de TecToc Radio.
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La apuesta por tecnología no invasiva abre un nuevo frente estratégico, pero vuelve a poner el foco en posibles conflictos de interés

OpenAI lideró una ronda inicial de $252 millones en Merge Labs, una startup de interfaces cerebro-computadora (BCI) cofundada por su propio CEO, Sam Altman.

La operación valora a la empresa en $850 millones, convirtiéndose en una de las rondas semilla más grandes registradas en este sector.

OpenAI aseguró que la inversión fue revisada y aprobada por su junta directiva de manera independiente, pero el anuncio reaviva el debate sobre gobernanza, dado que la compañía está destinando una suma significativa a una empresa creada por la persona que la dirige.

No es la primera vez que ocurre algo similar: OpenAI ya había invertido en proyectos energéticos vinculados a Altman, como Helion Energy y Oklo.

Desde el punto de vista tecnológico, la apuesta es ambiciosa. Merge Labs trabaja en interfaces cerebro-computadora no invasivas, una diferencia clave frente a competidores como Neuralink, que requieren cirugía cerebral.

La startup combina moléculas diseñadas y ultrasonido para detectar señales neuronales desde fuera del cráneo, una línea de investigación liderada por el neurocientífico Mikhail Shapiro.

OpenAI no solo aporta capital. También colaborará en el desarrollo de foundation models científicos para interpretar señales neuronales complejas, uno de los mayores desafíos computacionales de la neurociencia. Esta capa de software podría ser tan estratégica como el hardware, alineándose con la visión de OpenAI de interfaces más “naturales” entre humanos y sistemas de IA

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